
Enemigo de usar mucho el automóvil y pagar monstruosos pasajes para viajar en locomoción colectiva, decidí mandar a reparar mi vieja bicicleta que mi padre me regaló en el verano de 1993. Viajo todos los días en ella y durante los 15 minutos que dura el trayecto “casa-oficina”, observo con cierto temor nuestra variada jungla automotriz actual.

Pensar que todo partió en 1885 cuando el conductor alemán Gottlieb Wilhelm Daimler, registró la patente de una “máquina motriz a gasolina o bien a petróleo”. Dicha patente se aplicaba al primer motor previsto exclusivamente para su montaje en un vehículo. Ese mismo año, el hijo de Daimler realizó en Stuttgart el primer viaje público. Sin duda fue en 1903 el año en que Ford se convierte en vanguardia, posteriormente leyenda, instaurando el auto barato para las masas, y logró situar a EEUU sobre ruedas y por supuesto, su línea de ensamblaje seriado que revolucionó la fabricación de automóviles cuando en 1908 lanzó el mítico Ford T.
El diseño automotriz propiamente tal, independiente de su funcionalidad nativa, comenzó a potenciar la estética desde el año 1927, cuando la General Motors creó su Departamento de Arte al mando de Harley Earl. Se comenzó a utilizar el prototipo 3D en arcilla y se lanzó el automóvil Y-Job de Buick. A mediados de los años 30, la firma Ford, Chrysler y Packard ya tenían sus propios diseñadores. La aerodinámica tuvo un auge clave desde 1934, y en 1938 salió la mercado el primer automóvil con transmisión automática (genial!!).

Durante los años 50 y 60, lo importante fue la experiencia de un motor poderoso y por ende nacieron los modelos con “alerones”, reconocibles por su gran parecido con el primer Batimóvil. El diseño automotriz siempre ha sido una respuesta social y cultural, desde los tiempos en que era “estéticamente correcto” tener un Chevy americano de 4mt de largo y diseño galáctico, y la respuesta que vino desde Francia en manos de la Citroën cuando lanzó un prototipo sin “alas” y de arquitectura curva: el modelo DS.
El mundo ignoraba que las grandes recesiones de petróleo, como la que tuvo lugar durante 1973, nos obligara a dejar de lado los “Muscle Cars” y optáramos por dejar oxidándose los lanchones, y aceptáramos de buena gana la oferta que nos brindaba Japón: autos ligeros y muy económicos. Sin embargo en Chile era muy común ver por las calles hace 15 años atras, una serie de viejos Opala usados como taxi o patrullas, y extintas citronetas, renoletas y uno que otro magnífico americano que hoy no debe rendir más de 3km por litro. Lamentablemente, estas recesiones y el bolsillo de cada chileno, nos ha obligado a prostituir nuestra comodidad, seguridad y tal vez nuestras vidas, adaptando nuestro cuerpo y bolsillo a unos horrorosos city-car provenientes de China y otros lugares extraños para transportarnos día tras día.

Me obsesioné con los autos chinos, lo reconozco, he estado a las 3 de la mañana pegado en Youtube viendo pruebas de choque y contemplando con un absoluto fetichismo, cómo el habitáculo es arrugado como un acordeón desde la nariz al maletero. Un horror, es la ley del más fuerte donde los depredadores son las SUV o 4×4, que a pesar de tener tracción en las cuatro ruedas, son generalmente conducidas por una señora que las trata de estacionar con más pena que gloria en un estrecho rincón subterráneo del Parque Arauco.
Mi fetiche también lo es la EURONCAP, el organismo europeo encargado de testear cuanto automóvil existe (o se ofrece para el test) y luego clasificarlo con estrellas que van del 1 al 5 y miden la seguridad del chofer, acompañantes adultos, y bebés.
Vivimos en un país brusco, donde las carreteras permiten los 120 km/h, y otras que quizás exigen la mitad de esta velocidad, pero en un fin de semana esta cifra es doblada sin piedad por conductores ebrios, así pienso y trato de encontrar una razón que tranquilice mi mente y me explique en qué sociedad vivo, y por qué los padres compran pequeños city-car a sus hijos, o un jefe de familia compra orgulloso un Chery IQ (la copia barata del Chevrolet Spark).
Es necesario destacar que no fue hoy cuando nació el concepto city-car, sino en 1940 con el Crosley, y se ha extendido a lo largo de la historia siendo el Fiat Panda el más exitoso de todos, pese a que en Chile haya tenido mejor aceptación el Fiat 147. También hemos visto alguna vez por las calles el Citroën Visa, el Renault 5 y la lista puede aumentar. En la antiguedad eran llamados más bien “hatchback” pero seguía siendo un auto firme, gastador y potente, hoy re-definimos el concepto por city-car, un auto prácticamente de cartón, hecho para que ahorremos en el brutal precio del combustible que sube sin piedad cada lunes.
El pasado 30 de Enero, nuestro Eolian viajó con energía solar desde Valparaíso a Santiago, tal vez los estudiantes de modo inteligente y visionario, comienzan a proyectar lo que será nuestra futura calidad de vida con una automóvil que derechamente no contamina. Por mientras, deberemos seguir aceptando en nuestras calles los ya populares Chery, Great Wall Motors, China Car, Yuejin Motors y cuanta copia económica existe en el mercado. Quizás este cambio nos haga retroceder en el tiempo, y quitar de cuajo todo gadget que hacía que la conducción fuera un placer, y nos ha dejado exclusivamente la esencia de tener un auto: transportarnos.










super ineresante rafa! etoy totalmente de acuerdo con tu punto de vista, el transporte en automovil nos ha convetido en un mundo flojo y contaminante, ojala esto sirva para inspirar a mas gente a usar bicicletas o caminar (y limitarse a usar autos cuando solamente necesario, en vez de para ir a comprar pan en el almacen que queda a 3 cuadras de la casa).
pd.las fotos de los crash test dummies me recuerda a choque de mi hermano… todavia no puedo creer que salio caminando de eso.
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Excelente columna Rafa, hoy en día los chinos, por su bajo costo en la mano de obra, estan haciendonos la vida entera. Pero nunca van a tener la capacidad de fabricar la sensación que se obtiene al subirse a un auto con olor a historia y diseño como lo es un BMW o un AUDI, autos que son pensados y diseñados para el conductor, sin escatimar en el “costo”. O un maravilloso lanchon americano de los 60′s o 70´s, que con sólo escuchar el ruido del motor V6 o V8 te transporta a otro mundo y el cromado te deja pegado mirando con la baba corriendo.
Realmente esos huevos espaciales chinos me causan rechazo, quizá por mi pre-educación automovilistica, pero nadie puede negar que el diseño es realmente horrible.
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Para mi el mejor medio de transporte son mis pies…y ya tomé la decisión de no comprar un auto. En este país arribista todo quieren tener uno sólo para ser parte del montón, sin pensar en todos los problemas que acarrea (gasto en bencina, mantención, patente; estrés; contaminación acústica y atmosférica,etc)
Caminar activa nuestros sentidos, nos conecta con el entorno, nos permite conocer.
Buen artículo Rafa…nos vemos
PD: los únicos autos que cautivan mis sentidos son los diseños de los 50′s y 60′s
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La verdad que al empezar a leer el artículo pense que iba por otro lado, hacia apuntar todas las implicancias de este objeto de deseo que si bien impulso a la humanidad, ahora por poco no la está empujando al abismo del desequilibrio global. Pero en cambio se trato de una bien resumida historia del automovil.
Me quede con las ganas, sin embargo, de que se ponga en contexto antropológico y social al automovil. Sus consecuencias en el mapa de la destrucción ambiental, de la pobreza y de la guerra del petroleo, hoy son más patentes que nunca. Me encanta el diseño de los autos, y si que me hace feliz cuando conduzco una maquina en la que el genio humano brilla, pero hoy veo antes que nada esto, las huellas de un fenomeno desbordado y caotico, que hoy nos tiene respirando humo y contando monedas para comer porque el crudo va camino a los 200 por barril. Una dystopía con ruedas, la nuestra.
Saludos.
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